No sé si fue el despertador,
o algún pingüino del radiador,
pero de nuevo aquí estoy yo,
cartera en mano, bajando en el ascensor,
con la del octavo.
No me he peinado y me está mirando.
La matinal rompe a llorar,
yo sin paraguas, fatalidad,
entro en la boca de Batán,
un yonki pidiendo
–toma, chaval,
no compres droga, compra un filete.
–¡Coño: no queda, para el billete!.
Si pienso mesa y digo silla,
Compro pan y me lo dejo,
Lo que aprendo se me olvida,
Lo que pasa es que te quiero.
Pienso mesa y digo silla,
Compro pan y me lo dejo,
Lo que aprendo se me olvida,
Lo que pasa es que te quiero.
Hablo con los de personal,
pido un aumento, lo van a pensar,
y me convocan a las seis,
–tomen asiento, que les preparo un café.
Pensaba que iban a hacerme fijo,
y agradeciéronme los servicios.
¡Noooo!.
Si pienso mesa y digo silla,
Compro pan y me lo dejo,
Lo que aprendo se me olvida,
Lo que pasa es que te quiero.
Pienso mesa y digo silla,
Compro pan y me lo dejo,
Lo que aprendo se me olvida,
Lo que pasa es que te quiero.
En la azotea de mi tejado,
no hay más que un cable
y se me ha cruzado,
no, no, no, no, no, no, no.
Si pienso mesa y digo silla
Compro pan y me lo dejo,
Lo que aprendo se me olvida,
Lo que pasa es que te quiero.
Compro mesa y digo silla,
Pienso pan y me lo dejo,
Lo que pasa se me olvida,
Lo que aprendo es que
te quierooooooo ooh.
Detalles discográficos
Relación
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Comentarios
La canción utiliza solamente la estrofa inicial del poema para entretejer estrofas de nueva creación, y dejando que los versos de «Pienso mesa y digo silla…» funcionen como un estribillo que se repite entre ellas.