A la Orilla de un Pozo
Si el alcotán anida en tus cabellos,
el Nilo azul se esconde en tu garganta.
Si ves crecer del fin la humilde planta
junto a tus senos o a tus ojos bellos,
no cierres el ocaso con los sellos
que el occidente en tu testuz aguanta;
tiembla ante el cierzo y el nublado espanta.
Si oyes calvines, corre a través de ellos.
Yo sé bien que te escondes donde siguen
los hongos del delirio impenitentes,
y que, al cruzar su senda de delicias,
se abren bajo tus pies, y más ardientes.
Yo sé bien que te escondes donde siguen,
y que, al cruzar su senda de delicias,
mariposas nocturnas te persiguen,
donde lloran cautivas tus caricias.
Si el alcotán anida en tus cabellos,
el Nilo azul se esconde en tu garganta.
Si ves crecer del zinc la humilde planta
junto a tus senos o a tus ojos bellos,
yo sé bien que te escondes donde siguen
los hongos del delirio impenitentes,
y que, al cruzar su senda de delicias,
se abren bajo tus pies, y más ardientes.
Yo sé bien que te escondes donde siguen,
y que, al cruzar su senda de delicias,
mariposas nocturnas te persiguen,
donde lloran cautivas tus caricias.
Mariposas nocturnas te persiguen,
donde lloran cautivas tus caricias.