Todas las madres del mundo
Todas las madres del mundo,
ocultan el [esconden su] vientre, tiemblan,
y quisieran retirarse,
a virginidades ciegas,
el [al] origen solitario
y el [al] pasado sin herencia.
Pálida, [y] sobrecogida
la fecundidad [la virginidad] se queda.
El mar tiene sed y tiene
sed de ser agua la tierra.
La sangre enarbola el cuerpo,
precipita la cabeza
y busca un hueco, una herida
por donde lanzarse afuera.
La sangre recorre el mundo
enjaulada, insatisfecha.
Las flores se desvanecen
devoradas por la hierba
El corazón se revuelve,
se atorbellina, revienta.
Arroja contra los ojos
súbitas espumas negras.
Ansias de matar invaden
el fondo de la azucena.
Acoplarse con metales
todos los cuerpos anhelan:
despojarse, poseerse
de una terrible manera.
El mar tiene sed y tiene
sed de ser agua la tierra.
Después [luego], el silencio, mudo
de algodón, blanco de vendas,
cárdeno de cirugías,
mutilado de tristeza.
El silencio. Y el laurel
en un rincón de osamentas.
y un tambor enamorado,
como un vientre tenso, suena
detrás del innumerable
muerto que jamás se aleja.
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Canción de autorDetalles discográficos
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Letra extraída del cuadernillo del disco. La letra está construida sobre una selección de versos, con supresiones, del poema «Guerra», de Miguel Hernández (Cancionero y romancero de ausencias, 1958). Entre corchetes, variaciones en la grabación, que se corresponden con las variaciones entre las fuentes del poema de Hernández.