No hay retorno
Ya terminó el dominio
de la noche
y un aire macilento
está aguardando
detrás de los cristales.
Se ha vestido:
ya recogió sus cosas
y ahora prende
un cigarrillo viudo.
De puntillas
camina hasta la puerta:
no se vira
ella dormita y contemplada
duele.
Su cuerpo todo luz
saldrá a la luz
y él escapa contrito:
no hay retorno
pues sabe que la muerte
le es propicia
que ha de hundirse en la sombra
más profunda
que nada varía
su derrota.