Muchas lanzas
-Ya tienes el pasado por delante:
quisiera ver lo que haces con el cieno.
-Lo mismo lo recojo, a ver si me hago un nido
que tenga un alarido trashumante,
lijado por un torpe carpintero…
y dejaré a sus pies el mundo prometido.
Me puse a rezongar, y se hizo tarde,
y entonces ya no quise ser palmero,
ni ser aquel chiquillo de la vez primera.
Y ahora que no hay palo que me aguante,
posado en la baranda del tintero,
espero la llegada de cualquier cualquiera
De pronto, una pisada me desperezó.
Lloraba que cortaba la respiración,
pidiendo que me desenamorara,
que le dejara un beso en cada llaga:
me dio una cuchillada y desapareció.
Arranco, de mañana, en un alarde
de ganas de vender algo de insomnio,
y paso por tu puerta sin rendirte honores.
Y ofrezco siete mil chorros de sangre,
llegados de la fuente del Camborio,
a quien me traiga vivo al que vivió de amores.
La aldaba no sonaba cuando esclareció;
gemía, y no podía… Y se reía el sol
Me tuve que beber la madrugada,
que todavía sigue, desbocada,
trotando por mis venas como un percherón.
En mi pecho, se han partido muchas lanzas,
y sus trozos fabricaron mi esperanza,
tan sedienta porque, al fondo de mi alma,
hay un pozo, pero la soga no alcanza.
Se caen los anillos en el nacedero
que sigue penando por mí,
que anhela encontrar el calor
que un día me dio, por si echaba de menos
el sitio de donde partí,
y a mi calavera esperó.
Género
RockDetalles discográficos
Relación
AlusiónPoema relacionado
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Letra extraída del cuadernillo del disco. Los versos «Y ofrezco siete mil chorros de sangre, / llegados de la fuente del Camborio, / a quien me traiga vivo al que vivió de amores» establecen una relación de interfiguralidad con el protagonista del poema «Muerte de Antoñito el Camborio», de Federico García Lorca (Romancero gitano, 1928).