Canción del Hijo Primero
Hijo de la tierra, te arrojo el jardín.
Aunque veas sombras, no quieras lucir.
Tu madre era bella, la secan los vientos;
tu madre era tierna, se quema en el yermo.
Tu madre mordía la flor del manzano
cuando el hombre puso tu vida en su mano.
Tu madre sembraba contigo el centeno
cuando tú bebías la leche en su cuenco.
Hijo de la ira, del Dios implacable,
no podrás salvarte del odio, tu madre.
No duermas, escucha; no duermas, acecha.
Silbarán las aves sobre ramas ebrias
para hacerte leve a esta oscura tierra.
Escúchame, hijo, no duermas, no duermas.
Por todos los siglos, no duermas, no duermas.
No duermas, vigila.
No duermas, despierta.
Te amenaza fría
la heredad desierta.
Te persiguen ojos
sin dulce descanso;
te aborrece eterna
del Creador la mano.
Las gacelas corren, correrás tú más.
Los leones saltan, tú debes saltar.
Los arroyos huyen, tú tienes que huir.
Aunque yo lo quiera, no puedes dormir.
Hijo de la ira, del Dios implacable,
no podrá salvarte del odio tu madre.
No duermas, escucha; no duermas, acecha.
Silbarán las aves sobre ramas ebrias
para hacerte leve esta oscura tierra.
Escúchame, hijo, no duermas, no duermas.
Hijo de la ira, del Dios implacable,
no podrás salvarte del odio tu madre.
No duermas, escucha; no duermas, acecha.
Silbarán las aves sobre ramas ebrias
para hacerte leve esta oscura tierra.
Escúchame, hijo, no duermas, no duermas.
Por todos los siglos, no duermas, no duermas.